Tension Nerviosa

Recomendaciones para atenuar las comunes presiones del vivir cotidiano. Medidas practicas contra la tension nerviosa...

Medidas practicas contra la tension nerviosa

La apresurada dinámica a la que obliga el sistema de vida establecido en las grandes ciudades, unida a la problemática propia de toda acumulación, altamente densificada, de personas en extensiones comparativamente reducidas, da lugar a múltiples problemáticas de orden psicológico y físico, a todo lo cual a venido a contribuir desastrosamente la presente crisis económica.

Todo el mundo experimenta tensiones nerviosas. La angustia y la tensión son funciones esenciales de la vida, como lo son el hambre y la sed. Son reacciones de protección cuando existen amenazas a nuestra seguridad, bienestar, felicidad o amor propio.

Es decir, que si bien puede ser desagradable vernos presa ocasionalmente de la ansiedad y la tensión, ello es completamente normal y no debe ser motivo de preocupación. Hay que ponerse alerta, sin embargo, cuando los trastornos emocionales se presentan frecuentemente, nos sacuden con intensidad y tardan en desaparecer.

¿Cómo reconocer si nos está ocurriendo esto último? Las respuestas a las siguientes preguntas tal vez puedan darle la clave en su caso particular:

—Los problemas mayores y las pequeñas decepciones ¿lo sumen a usted en la desesperación?

—¿Le es difícil llevarse bien con los demás, y encuentran ellos a su vez dificultades para llevarse bien con usted?

—¿No le satisfacen los pequeños placeres de la vida?

—¿Halla usted imposible dejar de pensar en sus ansiedades?

—¿Siente usted temor ante personas o situaciones que nunca solían molestarle?

—¿Sospecha usted de la gente, desconfía de las amistades?

—¿Se siente usted inadecuado, sufre las torturas de dudas de sí mismo?

Si su respuesta es «sí» a la mayoría de estas preguntas, esto no equivale al desastre. No obstante, indica la necesidad de hacer frente a la situación. He aquí algunas medidas prácticas y efectivas que usted mismo puede adoptar.

Desahóguese.

Cuando algo le preocupa, no se lo guarde para sí. Cuéntele su preocupación a alguna persona bien serena en quien pueda confiar: su esposo o esposa, padre o madre, un buen amigo, su sacerdote, su médico, un profesor. Contar las cosas sirve para aliviar la tensión: le ayuda a ver su preocupación más claramente y a menudo le ayuda a hallar la solución.

Escape por un tiempo.

En ocasiones es útil escapar de un problema doloroso «por un tiempo»: distraerse con una película o un libro o un juego, o hacer un breve viaje para cambiar de panorama. «Aguantarse y sufrir» es una forma de castigarse, no una manera de resolver un problema. Ahora bien, no olvide que es necesario «volver y hacer frente a la dificultad» cuando esté más sereno, en mejores condiciones emocionales e intelectuales.

Disipe su enojo con actividad.

Si advierte usted que con demasiada frecuencia se está dejando dominar por la ira, recuerde que el enojo generalmente acaba por hacerlo sentir tonto y apesadumbrado. Si siente usted deseos de desencadenarse contra alguien, trate de contenerse hasta mañana. Mientras tanto, entréguese a alguna actividad física como la jardinería o la carpintería, el tenis o una larga caminata. El despejar la ira del organismo con el trabajo lo dejará en mejores condiciones para tratar su problema con inteligencia.

Ceda algunas veces.

Si encuentra usted que tiene disgustos frecuentes con la gente y se siente obstinado y desafiante, recuerde que esa es la forma en que se comportan los niños malcriados. Manténgase firme en lo que crea usted que es justo, pero hágalo con calma y tenga en consideración el hecho de que puede ser usted quien esté equivocado. Aun si está usted absolutamente seguro de su tesis, es más fácil para su organismo ceder de vez en cuando. Si lo hace así, generalmente encontrará que los demás también ceden. El resultado será un alivio de las tensiones, el logro de una solución práctica, junto con una sensación de satisfacción y madurez.

Haga algo por los demás.

Si se preocupa por usted mismo todo el tiempo, trate de hacer algo por «alguien más». Esto le quitará importancia a sus preocupaciones y, lo que es mejor, le dará una grata sensación de haber obrado bien.

Haga una cosa a la vez. Para las personas en tensión, una cantidad ordinaria de trabajo parece tan grande que resulta muy arduo emprender siquiera una parte de ella. Cuando eso suceda, dedíquese a unas pocas de las tareas más urgentes, una por una, dejando a un lado el resto por el momento. Una vez que haya dispuesto de esos primeros asuntos, el resto será mucho más fácil. Si siente usted que no puede posponer nada, reflexione. ¿No estará sobreestimando la importancia de lo que hace, es decir, su propia importancia?

Domine sus impulsos de superhombre. Algunas personas se ven en un estado de angustia general porque piensan que no están logrando todo lo que podrían hacer; tratan de obtener la perfección en todo. Este ideal es una invitación al fracaso. Decida qué cosas hace usted bien y aplique a éstas sus mayores esfuerzos. Probablemente serán las cosas que le producen mayor satisfacción. En cuanto a otras actividades, acométalas con toda la habilidad posible, pero no se recrimine si no puede lograr la perfección en ellas.

No critique más de la cuenta. Algunas personas esperan demasiado de los demás; luego se sienten abatidas, desilusionadas, frustradas, cuando otra persona no responde a sus esperanzas. La «otra persona» puede ser la esposa, el marido o un niño que estamos tratando de ajustar a un molde preconcebido, tal vez tratando de convertirlo en alguien totalmente distinto, pero que sea de nuestro gusto. Recuerde que cada persona tiene el derecho de desarrollarse en forma individual. Las personas que se sienten desgraciadas por los defectos (reales o imaginarios) de sus parientes, en realidad se sienten desgraciadas por sí mismas. En lugar de criticar la conducta de otra persona, busque usted sus aspectos buenos y ayúdela a desarrollarlos. Esto dará satisfacción a ambos, y ayudará a usted a juzgarse a sí mismo más objetivamente.

Sea considerado con los demás. Las personas que sufren de tensión a menudo sienten que tienen que «ser los primeros», aun en las cosas más triviales. Todo se vuelve una carrera en la cual alguien va a salir herido. La competencia es contagiosa, pero también lo es la cooperación. Si usted no estorba a su prójimo, frecuentemente las cosas se facilitarán para usted mismo. Si deja él de sentir que usted constituye una amenaza, dejará él de ser una amenaza para usted.

Hágase usted «accesible». Muchos tienen la sensación de que se les «excluye»; de que la sociedad los desprecia o es indiferente con ellos. A menudo esto no es más que imaginario. En lugar de encogerse y apretarse, es más saludable y más práctico tomar uno mismo la iniciativa, y no esperar siempre a que el acercamiento parta de los demás. Hay una zona intermedia entre la reticencia y la insistencia excesivas. Trate de hallarla.

Regularice su distracción: A muchas personas es resulta difícil tomarse un descanso. Para esas personas será útil un horario de recreación determinado. Ahora bien, a todos nos conviene tener una actividad favorita que nos absorba durante las horas libres, una actividad a la que podamos entregarnos completamente y con placer, olvidando todo lo relacionado con el trabajo.

Con frecuencia las dificultades emocionales provienen de problemas de orden práctico: dificultades económicas, conflictos en el trabajo, problemas de hijos y padres, dificultades conyugales. Con igual frecuencia, sin embargo, los hábitos y actitudes persistentes de una persona pueden «producir» conflictos. Estas fuerzas que actúan recíprocamente fuera y dentro de la persona tienden a producir un efecto acumulativo, agravando cada una el efecto de las demás, a veces muy rápidamente. En esos casos tal vez necesitemos de la ayuda que pueden dar los consultores experimentados.

Si un trastorno emocional se vuelve demasiado molesto, debe atenderse como una enfermedad que requiere tratamiento médico, tal como se hace con un resfriado cuando adquiere gravedad. Vea usted a su médico. El puede aconsejarle que visite a un psiquiatra o recomendarle un tratamiento en una clínica u hospital.

Buscar la tranquilidad de espíritu (o la buena salud mental, que es otro de sus nombres) es empeño universal. A pesar de ello, pocos son los bienaventurados que gozan de todas las cualidades internas y las circunstancias externas que automáticamente la aseguran. Tenemos que trabajar para alcanzarla. Esto significa luchar por una mejor comprensión de nosotros mismos y de los demás. Significa resolver nuestros problemas nosotros mismos cuando podamos y buscar la ayuda de otros cuando la necesitemos.

Hay una filosofía fundamental que es básica para una buena salud emocional. Es la filosofía de la fe: fe en nuestra propia capacidad y en la de los demás para mejorar y desarrollarnos; fe en el deseo y la capacidad de los seres humanos para resolver sus problemas en colaboración; fe en los valores espirituales y morales, en la intrínseca decencia de la humanidad. Esta fe nos permite sortear situaciones de tirantez que sin ella podrían destrozarnos.