Odio y Enfermidad

el Amor produce vidas y gérmenes de vida, el Odio produce muertes y gérmenes de muerte

Odio y Enfermidad

Analicemos en la intimidad de nosotros mismos los efectos del Odio. No nos fijemos en la vida de los pueblos, sino observemos nuestra vida cotidiana. Cuando odiamos a alguien, sentimos primero como una gran rabia y a continuación un gran vacío. En este vacío vendrá a echarse, por ley de afinidad, el Odio de otro; o simplemente una emanación del Odio universal.

Odiar una sola vez, es condenarse a odiar siempre. No se odia por el propio Odio, sino por el Odio en todos cuantos odian. Sí. Sabemos que nada se pierde, que todo se transforma. Cuando una persona ama, cuando un ser es bueno, es correcto, por sus pensamientos y por sus actos, la substancia divina de su amor se dirige a una región, a un espacio superior más alto que la Tierra, y allí forma una fuerza especial que tiene por nombre Amor, o la vida. Es a esta fuerza que el Creador concede la vitalidad, la resurrección, o la conservación de todos sus seres. Por medio de esta fuerza, muy potente, alimentada por la fuerza divina, las estrellas se relacionan con las estrellas y los soles con los soles. Esta fuerza es la que hace salir la hierba de la tierra, y permite también que las flores florezcan. Para los seres materiales, el sol es el gran acumulador y el gran motor de esta fuerza. Para nosotros, esta fuerza viene de nosotros mismos, se extiende, se eleva... Se eleva hacia las alturas que le son asignadas y de allí vuelve a caer como un suave rocío, sobre los seres que la merecen, y así se penetran de ella, logrando entre otras cosas, —y por añadidura—, esta salud tan anhelada y soñada.

Del mismo modo que el Amor produce vidas y gérmenes de vida, el Odio produce muertes y gérmenes de muerte. Podemos estar convencidos que la mayor parte de los crímenes que se cometen en la Tierra provienen del Odio invisible que flota a su alrededor y que respiran y se asimilan los criminales, de los cuales el Odio agita sus pensamientos, determinando sus actos. Un criminal es, casi siempre, un contagiado. Hay criminales inconscientes. Hay seres que matan por matar; es una enfermedad que llega a atacar a los niños. ¿Adónde, pues, habrían ido estos infelices a buscar el placer de matar si no fuese en el envenenado Invisible que les satura y domina? Igual ocurre en las enfermedades irreversibles que padecen los odios particulares de sus padres o parientes y amigos más próximos a la familia, pues creemos ya comentamos una vez, que si lanzamos un cubo de agua al aire, el agua vertida, no solamente alcanzará al que la lanzó, sino que salpicará, sin ninguna duda, a su propia familia y también a sus amistades más íntimas. Quizás sea un ejemplo muy vulgar el que relatamos, aunque no por ello digno de ser tenido en cuenta.

De la misma manera que existen enfermedades contagiosas, el Odio también se contagia. El Odio ha empezado por contagiar una casa, y se extiende como si fuera la peste... La ciudad está Invadida. Y no creáis que del Odio surjan solamente disputas, cóleras, rencores, venganzas, etc. Del Odio derivan también enfermedades sin fin. El Odio ataca al cuerpo del mismo modo que hiere al espíritu, y no sería nada sorprendente hallar las causas de la mayor parte de nuestros males en las emanaciones que producen los odios de casi todos los seres, y que los más débiles absorben continuamente. Así opinamos nosotros, y añadimos que si no es en su totalidad. Los «egoísmos» actuales del ser humano. El Odio atrae al Odio, el Odio atrae la enfermedad (la pérdida de la Salud), de la misma forma que el Amor atrae al Amor, y este Amor atrae la Salud). Este es el binomio, esta es la ecuación; es sencilla de comprender y seguramente difícil de realizar, pero conociéndola, podemos por lo menos, si así lo deseamos, procurar Amar, procurar no-Odiar, ya que ello, el procurar, es un primer paso, pues es desear ser mejor, es querer encontrar aunque sea un pequeño sendero donde poder caminar más ligeros, más alegres, más hermanados, con aquel AMOR soñado y predicado por todas las religiones de todos los tiempos; AMAR A DIOS Y AMAR A NUESTROS SEMEJANTES.