Los estados de deprisión

La depresión se caracteriza por la desmoralización, perdida de ilusiones, falta de ánimos, perdida de la sensación de futuro, sentimientos de culpabilidad e impotencia, vivencias de fracaso, etc.

La ansiedad es una emoción muy frecuente, y todo el mundo la experimenta en más de una ocasión a lo largo de su vida. No se puede decir lo mismo de la depresión. En un sentido estricto, la depresión es un trastorno patológico, una enfermedad, y solamente la experimentan aquellos que, por una u otra causa enferman de depresión.

Estamos muy acostumbrados a oír a personas que, con cierta ligereza, dicen estar deprimidos cuando en realidad lo que están es tristes, o cansados. En círculos «progres» es frecuente escuchar a alguien decir que «le ha dado la depre», queriendo indicar esta «depre» la enfermedad depresiva. Sin embargo, en la mayor parte de los casos la «depre» no es más que un eufemismo sofisticado para indicar un estado de hastío, o incluso de agotamiento.

¿QUE ES LA DEPRESION?

Es una enfermedad que se caracteriza básicamente por una alteración del estado de ánimo y del humor. Se caracteriza por desmoralización, pérdida de ilusiones, falta de ánimos, pérdida de la sensación de futuro, sentimientos de culpabilidad y de impotencia, vivencias de fracaso, etc. Todas estas manifestaciones se producen en forma muy distinta a como acontecen en el sujeto normal. En otras palabras: todos hemos estado tristes en alguna ocasión; pero depresión es mucho más que tristeza. Es una tristeza profunda, vital, y con la sensación de que no hay soluciones, de que todo es irremediable y de que se han perdido totalmente las esperanzas. Depresión es pérdida de la esperanza, de ilusiones y de interés. Las ocupaciones más normales se convierten en un esfuerzo insuperable. Ya por las mañanas la persona deprimida despierta, cansada, hundida, sin ánimos para enfrentarse con un nuevo día. Permanecería en cama, o sentado en un sillón, pero a sabiendas que allí tampoco se sentirá bien. Las cosas que antes le gustaban, ahora han perdido sentido. Le cuesta distraerse: casi nada le interesa. Cuando los demás intentan «levantarle», no hacen sino incomodarle. Si se ve forzado a acudir a lugares o situaciones de alegría, se siente aún más distanciado y hundido. En general está cansado, con la peculiaridad de que se siente más agotado al levantarse por la mañana que a lo largo del día. El sueño no es una actividad reparadora. Pierde el interés sexual. El paciente deprimido siente encontrarse en un pozo profundo, del que no ve ni sombra de salida. En depresiones importantes las ideas de suicidio, los intentos de suicidio incluso, suelen ser el único camino capaz de ver...

No es infrecuente que el paciente depresivo manifieste preocupaciones, incluso un cierto grado de agitación, y entonces sus síntomas pueden confundirse con un simple estado de ansiedad, sobre todo si es enfocado a la ligera. Pero la «ansiedad» en este caso es totalmente secundaria a la depresión. De la misma forma que cuando hablábamos de ansiedad decíamos que la tristeza del ansioso no debía confundirse con una depresión, debemos decir ahora que la preocupación y la agitación del deprimido no deben confundirse con la ansiedad.

¿CUAL ES LA CAUSA DE LA DEPRESION?

Hoy en día tiende a aceptarse que la depresión tiene una multiplicidad de causas, que al coincidir en un momento dado pueden desencadenar el estado patológico. En parte se considera que debe de haber una predisposición familiar, puesto que se observa una tendencia a la depresión en algunas familias. Otras causas son de tipo bioquímico; en los enfermos depresivos hay una disminución de determinadas sustancias (llamadas catecolaminas, de las que las más importantes son la serotonina y la noradrenalina) que se encuentran en el cerebro y que se encargan de la transmisión de información de unas células cerebrales a otras. De hecho, los medicamentos que actúan favorablemente en las depresiones, lo que hacen es favorecer la producción de estas sustancias. También influyen causas meramente psicológicas: traumas sufridos a lo largo de la vida, especialmente aquellos que tienen relación con situaciones de abandono o pérdida de personas en quienes se depositaba afecto (pérdida que no tiene por qué ser irreversible). Es de destacar la influencia de las irregularidades en el área afectiva, en la génesis de todo tipo de patologías psicológicas. Situaciones externas que incidan provocando gran preocupación o que actúen de revulsivo vital, pueden desencadenar una depresión en una persona predispuesta.

¿QUE DEBE HACERSE ANTE UNA DEPRESION?

Lo difícil, en las primeras fases, es detectarla. Los síntomas iniciales de una depresión suelen ser engañosos. Puede confundirse con un estado de cansancio por exceso de trabajo o de tensiones, o con un estado de preocupación por acumulación de contrariedades. El paciente depresivo puede presentar también síntomas corporales, semejantes a los que presenta la persona en estado de ansiedad (recordemos que la depresión es, al igual que la ansiedad una emoción continuada y que todo estado de emoción continuada - sea cual sea - provoca síntomas semejantes), a saber: dolor de cabeza, vértigos, dolores musculares o en articulaciones, trastornos digestivos, molestias urinarias, etc. Lo vital es detectar el estado de ánimo depresivo, a través de su síntoma más importante: la desmoralización, la pérdida de ilusiones, el cansancio matinal, los sentimientos de culpa, de impotencia, de fracaso y de indecisión, la falta de ilusiones y la pérdida de capacidad para distraerse.

Un estado de depresión, debe ser tratado por el médico. Si un paciente ha sido tratado con tranquilizantes y ha empeorado, debe sospecharse una depresión.. Los tranquilizantes, de los que hoy en día tanto se abusa, no resuelven la verdadera depresión sino que la enmascaran y hunden más al enfermo en ella. El tratamiento de la depresión debe abordar la multiplicidad de causas que antes comentábamos y debe ser efectuado ineludiblemente por el médico. Insistimos en que el médico de cabecera o de familia es quien debe aportar la primera opinión. El tratamiento de la depresión incluye el empleo de unos medicamentos, llamados antidepresivos, que constituyen un aporte esencial y una auténtica revolución en el campo de la psiquiatría (fueron descubiertos en 1957, y su historia pensamos que vale la pena contarla en otra ocasión).