Ciencia de Rusia

El impetuoso desarrollo cultural de la Rusia Antigua fue frenado bruscamente en su mismo apogeo, ante el terrible golpe que le asestaron las hordas tártaro-mongolas.

¿De donde Proviene la Ciencia de Rusia?

En sus términos generales, la historiografía occidental, ha entendido siempre a los pueblos de corte eslavo como sumergidos en la obscuridad de la ignorancia y la falta de progreso cultural y técnico. Concediendo una oportunidad de descargo a los involucrados en estas consideraciones, podemos llegar a conclusiones muy diferentes, como veremos a lo largo de las siguientes líneas:

KIEV Y NOVGOROD CRUCES INTERNACIONALES

Los rusos en los ss. X-XIII no fueron «material meramente etnográfico»; ellos crearon una gran civilización que pudo florecer únicamente gracias al trabajo intelectual de más de una generación de eslavos.

La Rusia Antigua fue uno de los Estados feudales tempranos más famosos. Ya en vida de la princesa Olga (s. X), la Rusia de Kíev era para Occidente un reino, y no un principado como muchos países. Además, había la Rusia de Nóvgorod y la de Vladímir Súzdal. En la Europa medieval (ss. XI-XIII) difícilmente se puede encontrar un Estado importante cuyos soberanos no estuviesen ligados con lazos de parentesco con familias de grandes príncipes rusos. Para aquel entonces ello representó un notable signo del prestigio de Rusia y de sus relaciones internacionales.

Bizancio, los países del Norte de Africa, los árabes y junto con ellos todo el Oriente (incluidos la India y China) comerciaban con Europa, fundamentalmente a través de Kíev y Nóvgorod, ciudades que asombraban a los mercaderes extranjeros por sus dimensiones y esplendor.

APRENDER A LEER Y ESCRIBIR

Entre los moradores de Kíev, Nóvgorod y también de Smolensk, Vladímir, Chernígov y Gálich de los ss. XI-XII la instrucción no era una cosa rara. Los documentos de esos tiempos nos hablan de la formación de escuelas estatales. Había también numerosas escuelas particulares y religiosas en iglesias y monasterios, así como profesores particulares en las familias.

Poco menos de 50 años atrás, sobre las mesas de los arqueólogos aparecieron montones de manuscritos de corteza de abedul procedentes de Nóvgorod, Smolensk y otras ciudades. Esto causó sensación. Primero, porque todos ellos resultaron prácticamente de carácter laico (se creía que la instrucción en aquellos tiempos estaba extendida sólo entre el clero). Segundo, por su abundancia (muchos centenares). De ahí se desprende que el saber escribir era cosa común para amplias capas de artesanos y mercaderes. Y aquí está encerrado el gran enigma. Los entendidos en la materia se devanan los sesos pues todo indica que la instrucción alcanzada en la Rusia de antes del yugo mongol, por lo menos en Nóvgorod, era mayor que a principios del s. XIX, o sea ¡700 años después! ¿No es acaso paradójica esa situación?

Lo más probable es que la respuesta resida en que en la Rusia de Nóvgorod, además de las operaciones comerciales de mucha monta, funcionara el mercado pequeño, a semejanza del de Europa Occidental, Mercaderes, artesanos, labradores y cazadores entablaban relaciones comerciales directas, lo cual iba creando un microclima económico peculiar, que estimuló la instrucción, la habilidad de hacer cuentas y anotaciones. Los textos en las corte-zas de abedul hablan de un conocimiento matemático excepcionalmente vasto, incluyendo la aptitud de calcular los intereses, recargos y penas contractuales.

SOBRE LA CIENCIA Y SUS APLICACIONES

Por las veleidades de la historia, la Rusia de los ss. X-XIII resultó en una situación ventajosa ya que, por lo visto, mantuvo un contacto más estrecho con las ideas de los grandes sabios y pensadores de la antigüedad que el Occidente, gracias a los lazos que la unían a Bizancio y a las buenas relaciones con los pueblos balcánicos. En Rusia se conocían los escritos de Juan Damasceno, Basilio el Grande, Jorge Pisidio, Seudo-Dionisio, Teodoro Lector, Gregorio Palamas y de otros hombres de letras bizantinas.

A propósito, también las ciencias aplicadas y la técnica estaban a un nivel bastante alto en Bizancio. Los rusos asimilaban sus adelantos científicos, aplicándolos y desarrollándolos en su país.

La Rusia de los ss. X-XIII, a decir verdad, ignoraba el sistema de numeración decimal, más cómodo para operar con magnitudes infinitamente grandes, como tampoco lo conocía Europa Occidental, cuyos países la usaron después. Empezó a propagarse en ellos solamente en el s. XIII, mientras que Rusia pasó a usarla sólo a finales del siglo XVII. Pero el yugo tártaro-mongol, que se prolongó durante tres siglos, explica este hecho.

Los rusos manejaban la numeración alfabética decimal, el alfabeto cirílico, parecido al griego antiguo y tomada de los bizantinos. Aquél es menos perfecto que el sistema posicional, mas no cede en nada a la numeración romana (y, de creer a algunos entendidos, es mejor).

Los hechos hablan de los profundos conocimientos aritméticos de los rusos para aquellos tiempos (a despecho de la opinión, extensamente difundida antes, de que se les daba mal la multiplicación y la división). En los escritos dedicados a temas matemáticos de Rússkaya pravda (1) (La verdad rusa), del s. XI, y en otras fuentes uno encuentra tanto las cuatro operaciones fundamentales como la progresión geométrica, las fracciones binarias y ternarias en su sistema desarrollado.

Gran fama adquirieron los trabajos del diácono Kirik del Monasterio de San Antonio, en Nóvgorod, a quien llaman hoy día el primer matemático ruso conocido de nosotros por el nombre. Su tratado, escrito en 1136, es verdaderamente asombroso.

¿QUE CONOCIMIENTOS TEMAN LOS RUSOS?

Bastantes. Sabían sumar y restar, siendo de destacar que el nivel y las proporciones de sus trabajos de cómputo impresionan. Kirik calculó (con exactitud absoluta) cuántos meses, semanas, días y horas transcurrieron desde la «creación del mundo», esto es en 6.644 años.

La cantidad de horas diurnas es igual a 29.120.652, y otras tantas nocturnas. Luego partió las horas en fracciones denominándolas chastsí (partes): quintas, vigésimoquintas, etc. El sabio poseía nociones astronómicas de alto nivel.

Los resultados que Kirik de Nóvgorod presenta en su tratado son resultados de una auténtica ciencia. Primero, plantea y busca la solución a problemas generales que no se debían a los imperativos inmediatos de la práctica; según, no nos ofrece meras cuentas o juegos de números, sino cálculos difíciles destinados para dar solución a un problema complejo. Es una investigación grande y engorrosa, y hay que tener en cuenta que su autor no utilizó el aparato matemático moderno, sino el sistema cirílico. Y por último, lo que importa en este caso es el propio modelo teórico que tomó corno base para sus cálculos Kirik y sus trabajos matemáticos son un misterio de la historia rusa, lo mismo que, digamos, Diofante y su Aritmética es un enigma de la historia antigua. Sin lugar a dudas, la Aritmética de Diofante no es más que un trocito visible por nosotros de ese «iceberg» del mundo pretérito cuya masa fundamental está oculta por los siglos. También Kirik se alza ante nosotros como una roca en un lugar casi plano y, por eso, parece una casualidad. Podría ser que hubo bastantes hombres como Kirik en la Rusia Antigua.

Existe la opinión de que la ciencia avanza paralelamente a la exactitud de las mediciones. Para ello se hace alusión a las medidas utilizadas en la Rusia prerrevolucionaria: piad (palmo), lókot (codo), sazhen (2,134 m.) verstá (1,06 km.) zolotnik (4,25 g.), chetverik (cuartilla), libra, pud (16,3 kg.), etc. Pero se presta poca atención al hecho de que ese sistema fue elaborado por la Rusia pretartárica, y prácticamente sirvió sin variar hasta el siglo XX.

En efecto, en Rusia también se medía a pasos y se construía sin planos. Pero asimismo es importante otra cosa. La Rusia Antigua conocía el compás, la balanza (bastante exacta), la regla de cálculo. En Nóvgorod, por ejemplo, se ha encontrado un gran pedazo de una regla de cálculo con tres sistemas de mediciones. Conocía Rusia asimismo un sistema, muy desarrollado, de medidas (hemos aducido antes tan sólo unas pocas unidades de medida y peso), con la particularidad de que cada unidad, junto con el significado «práctico», tenía una definición cuantitativa absolutamente exacta. Así, se sacó a colación que la libra en tiempos de Vladímir Sviatoslávich (ss. X-XI) equivalía exactamente a la libra árabe (409,5 g.), el zolotnik era igual a 1/96 de la libra, o sea a 4,26 gramos. Como vemos, una exactitud de hasta centésimas de gramo.

Es de todos conocido que el dinero gusta de cuenta sumamente exacta. Una unidad monetaria se basaba en una unidad de peso. La moneda rusa grivna equivalía a una libra de plata, y un rublo, acuñado en el s. XIII en Moscú, era igual a media grivna, es decir a 204,76 g. de plata. Las medidas de longitud, según se supo, no fueron simplemente determinadas hasta fracciones de centímetro, sino que se asentaban en los logros alcanzados en la geometría.

Sobre las nociones y observaciones astronómicas de los rusos antiguos se ha escrito mucho. Sus observaciones, recogidas en los anales, son tan completas y tan sistemáticas que los astrónomos de nuestros días pueden establecer sin error en qué puntos geográficos y cuándo pasó un cometa, el grado de su brillo, su tamaño, así como dónde, cuándo y por cuánto tiempo duró el eclipse de Sol, etc. Se supone que en Kíev, en 1185, funcionaban unos cuantos observatorios. Por lo visto, algunos cronistas de la época conocían las causas a que obedecían los eclipses. De ello podemos juzgar tanto por las leyendas rusas antiguas (los eclipses, según éstas, se producen a consecuencia del «choque del Sol contra la Luna») como por algunas crónicas donde la cursa del eclipse se explica por el hecho de que «la Luna se sobrepone al Sol».

La acumulación de conocimientos biológicos y medicinales también tiene en la Rusia Antigua una rica y secular tradición. Los múltiples escritos ,que han llegado hasta nosotros atestiguan que el nivel de los conocimientos científicos en esas ramas del saber no era inferior al de los griegos antiguos. En Rusia conocían a Claudio Galeno, Hipócrates, Aristóteles y algunos trabajos de los médicos árabes.

El impetuoso desarrollo cultural de la Rusia Antigua fue frenado bruscamente en su mismo apogeo. El terrible golpe que asestaron las hordas tártaro-mongolas fue asimismo, por decirlo así, una terrible catástrofe para la información. Las llamas se tragaron una infinidad de logros científicos recogidos en libros y textos diversos. Después de esa avalancha destructora vino un período de casi tres siglos de yugo extranjero, de yugo de bárbaros, que hollaron de modo sistemático la vida espiritual del pueblo ruso. Tan sólo después de liberarse del dominio tártaro-mongol Rusia pudo avanzar en su desarrollo. Mas tuvo que empezar todo de nuevo.

YURI KANIGUIN, Doctor en Economía. Del periódico ZA NAUKU V SIBIRI