Brujeria, realidad y supersticion

La brujería es una realidad desde el momento en que hoy en día tiene sus adeptos, sus seguidores, plenamente conscientes de su papel en la sociedad, culturalmente preparados y totalmente libres de sospecha de fraude.

Brujeria, realidad y supersticion

La brujería es una realidad desde el momento en que hoy en día tiene sus adeptos, sus seguidores, plenamente conscientes de su papel en la sociedad, culturalmente preparados y totalmente libres de sospecha de fraude. La brujería es superstición desde el momento en que sus postulados han sido mal interpretados por personas ajenas al culto, voluntariamente o involuntariamente, pero que han ayudado a que la masa viera en ella solamente un conglomerado de "estupidez", o de "males de ojo" totalmente infundados.

La brujería o satanismo, haciendo incapié en la palabra satanismo pues nada tiene que ver con el luceferismo contrariamente a lo que muchas personas creen, es la secuela de un culto antiquísimo a la Naturaleza.

Satán, el portador de cuernos, el de patas de cabra, el del falo erecto, es el compendio y el resumen de todos los dioses cornudos, protectores del eterno renacer de nuestra Tierra, o de los frutos que de ella recibimos sus hijos, los hombres, los mortales.

Desde los mas remotos tiempos de la Naturaleza tiene cuernos y lleva normalmente el falo erecto. El porqué es fácil de explicar.

El cuerno es el símbolo del poder, de fuerza y de creatividad. El llevar cuernos era símbolo, por ser atributo, de todos los dioses de la fertilidad y de renovación. Desde la prehistoria hasta la Edad Media, desde los dibujos de las cuevas de "Les Trois Freres", en Francia, o de las de Afvalingskop, en Africa del Sur, que nos muestran a sacerdotes-reyes, dioses o brujos con máscara de animal cornudo hasta el Diablo, pasando por el Apolo Carneio de los griegos - quien lucía unos hermosos cuernos de carnero como su mismo nombre indica; por el dios Sebazius de Frigia, también con cuernos; por Baco, quien tenía por emblema los cuernos; por Pan, dios de la renovación de la naturaleza que luce cuernos o patas de cabra; por los Faunos o los Sátiros, sucesores de Pan en Grecia y en Roma; por el brasileño Tupán y por el celta Cernunnos, con cuernos de ciervo símbolo directo de la renovación por la pérdida de su piel cada primavera con la subsiguiente renovación, todos los dioses de la naturaleza y su renovación, llevaban cuernos, cuernos como el Diablo de las brujas, como el diablo protector del señor Sabbath.

Estos cuernos, símbolo del poder fertilizante, tiene una muy directa conexión con el falo símbolo perfecto del mismo poder. Por este motivo normalmente los dioses cornudos llevan también el falo levantado como refuerzo y explicación más directa.

Las ceremonias dedicadas a todos estos dioses, como las fiestas Báquicas —de donde vienen los Bacanales—, las Dionisíacas o las fiestas dedicadas a Cernunnos terminaban siempre en lo que hemos llamado Orgías. Las mismas orgías que se organizaban al término del Sabbath. El hombre imitaba a dios y, copulando, contribuía a éste renacer, tan necesario e imprescindible, de la Naturaleza.

Posteriormente, y ya en plena Edad Media, la Iglesia identificó a todos estos dioses cornudos con el Diablo. Sus adoradores fueron los brujos... o las brujas.

La realidad de la brujería, repito, está en la existencia actual de fieles a su culto, en la existencia de una e incluso varias reinas directoras de éste culto y cabezas visibles de los "coven", o reuniones de adeptos.

Cuando alguna de éstas brujas explica su religión y sus ritos asistimos a una verdadera continuación de lo que era el Sabbath, es decir: adoran a un dios que creen es el más antiguo de la tierra y que puede identificarse con Cernunnos, el misterioso Dios Pater de los galos, cuya frente está adornada con cuernos de ciervo, símbolo que hemos visto de la virilidad y de la renovación; el culto es fálico ya que adora a las fuerzas creadoras de la naturaleza, creadoras de la vida, fundándolo en dos principios base, uno masculino y otro femenino, que deben unirse en una comunión tanto física como espiritual, es decir el amor y el erotismo tienen una parte importante en los ritos, pero en un plano, dicen, elevado "que no podría ser explicado al gran público", con lo que volvemos a encontrarnos con las orgías del Sabbath. En las reuniones, y empezando el rito, la bruja cabalga una escoba, símbolo igualmente del falo; símbolo, además, reforzado por el hecho de que su extremo es de marfil y reproduce de manera muy realista el sexo masculino.

En resumen: dos cosas son imprescindibles en un "covent" para llegar a obtener el fin propuesto adorando a éste dios de la naturaleza y de la vida, una es el circulo - importante en todo acto mágico en donde debe aparecer el diablo — como centro emisor de las fuerzas, como concretización del pensamiento hecho voluntad, y la otra es la total desnudez para permitir al cuerpo poner toda su potencia en juego sin trabas de ninguna clase. Por lo tanto el culto de la bruja es un culto fálico. Es un culto descendiente, o más antiguo aún, de los cultos prehistóricos de fertilidad, del culto céltico de Cernunnos o de los Sabbaths diabólicos. El eje de todas estas ceremonias es el falo, el falo del Diablo, los cuernos de Cernunnos.

Las brujas de la Edad Media atestiguan su trato carnal con el Diablo cuyo falo, decían, era enorme y frío. Las brujas de hoy reconocen que su culto es fálico y se obligan a la desnudez y al acto carnal como final lógico de su culto dedicado a las fuerzas fertilizantes de la Tierra.

Para el hombre el "desnudo" es un símbolo de renuncia total a las ataduras del mundo material, una entrega sin reservas. Para la mujer el "desnudo" es, además, la imposibilidad de defensa, es el exponerse a la vista y a la posesión. El ser a quien se sirve sabe que puede usar de ella. A veces es efectivamente el invocado, otras el sacerdote-brujo y otras los mismos iniciados. Siempre el final es el mismo: unión macho-hembra, lingamyoni, positivo-negativo, frío-calor, derecha-izquierda, activo-pasivo. Unión perfecta y deseada desde el principio de los tiempos y repetida continuamente. Hasta aquí la realidad de la brujería. La superstición es todo lo expuesto pero mal entendido, el temor a unas fuerzas de la Naturaleza que la Iglesia transformó en Diablo. Para las verdaderas brujas el Diablo, entendido como tal, no existe, para quien no entiende de nada, por el contrario, es el padre de todo mal.

Para el verdadero brujo no existe el crepúsculo de su dios.

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Sergio - mod***@mail.ru 17-07-2018 16:15:41 El comentario no ha superado la verificacion
La Iglesia de Inglaterra publicó un documento que define su postura frente a los fenómenos paranormales; el documento había permanecido oculto por más de 40 años y pone de manifiesto el enorme interés que una gran cantidad de fieles sentía hacia fenómenos extrasensoriales tales como la comunicación con espíritus de ultratumba. El importante documento fue redactado, con más de quince mil palabras, por un "Comité Arzobispal sobre Espiritismo" en 1939; durante cuarenta años había permanecido oculto por orden del arzobispo Cosmo Gordon Lang, fallecido en 1945, quien con otros importantes documentos lo había mantenido "embargado".
Sin lugar a dudas el arzobispo Lang estaba muy interesado en el tema; en 1936 invitó a catorce prominentes personalidades de la Iglesia de su país a discutir sobre comunicación con espíritus desencarnados y las posibles implicaciones de ésta en la fe cristiana. Al parecer, el grupo de religiosos nunca llegó a ponerse de acuerdo y Lang decidió guardar el documento elaborado para evitar controversias entre el pueblo creyente. El contenido de dicho documento vib la luz pública gracias al Archidiácono de Durham, Michael Perry, quien lo dio a conocer presentándolo en la publicación quincenal Parapsicológic Cristiano, la cual es editada por el Centro de Estudios Psíquicos y Espirituales de la Iglesia. Perry opinó que el arzobispo Lang se había reservado el documento para evitar que la gente conociera las marcadas diferencias de opinión de los religiosos que convocó en 1936.
Perry agregó que el doctor Donald Coggan, actual arzobispo de Canterbury, haría un gran servicio a la humanidad y a la cristiandad si realiza-ra estudios e investigaciones sobre parapsicología con el fin de que ésta fuera considerada por las autoridades de la Iglesia. Cuando Lang organizó la discusión, en 1936, sobre los fenómenos paranormales, tres de los catorce invitados renunciaron desde un principios a ex-presar su opinión; hubo otro más que se retiró a partir de la primera sesión señalando que "el espiritismo nada tiene que ver con Dios".
Después de más de dos años de estudio, en los que los 10 participantes discutieron sobre telepatía, clarividencia, adivinaciones, mediums y poltergeist, se decidió redactar un informe en el que aparecieran las opiniones de la mayoría de ellos. Siete de los panelistas, entre los que se contaban un obispo, un diácono y un académico, firmaron el veredicto con aceptación mayoritaria, dando a conocer algunas opiniones favorables sobre espiritismo. El resto de los participantes elaboraron un pequeño documento, adjunto al primero, en el que expresaron que los supuestos mensajes de espíritus son de veracidad dudosa y desde todos puntos de vista peligrosos.
Se piensa que Lang inició sus investigaciones motivado por el gran auge que los temas espiritistas adquirieron a raíz de la Primera Guerra Mundial; en aquella época era muy común acudir a mediums para comunicarse con seres queridos fallecidos durante las contiendas. El que después de la experiencia de Lang la Iglesia británica no se haya vuelto a interesar por los fenómenos se podría explicar por el estallido de la Segunda Guerra Mundial; todo hace pensar que la Iglesia creyó que tenía algo más importante en qué ocuparse.
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Estefan - es***@GMAIL.COM 18-07-2018 13:50:20 El comentario no ha superado la verificacion
Brijeria en Peru - Brujos Peruanos
La vieja pugna entre hechicería, brujería y otras artes ocultas contra la Iglesia Católica, que parecía cosa del pasado remoto, ha vuelto a ser actual en el obispado del estado peruano de Piura. El obispo del lugar, Fernando Vargas Ruiz de Somocursio, convocó a una reunión clerical urgente para enfrentar los poderes de la iglesia contra la "creciente influencia de las artes malignas en la región".
El clamor eclesiastico tiene como motivo la cada vez más marcada tendencia de la gente a buscar la ayuda de brujos y curanderos para aliviar sus males. Búsqueda que se ha hecho más apremiante en esta provincia peruana dada la casi inexistencia de servicios médicos y asistenciales.
Así, La Huarigas, pueblo situado a orillas de la laguna del mismo nombre, ha llegado a ser considerado la Meca de todos aquellos que estiman a las artes de la hechicería como un remedio infalible contra los malos espíritus. El lugar se ha convertido en objetivo de peregrinaciones, no sólo de quienes buscan alivio a sus males, sino también de turistas y estudiosos de la conducta humana. Algo muy parecido a lo que ocurre en la región de los Tuxtlas, en el estado de Veracruz, México. Sin embargo, la Iglesia, ajena a las ventajas indudables que las autoridades civiles ven en esta afluencia de turistas y de dinero, parece dispuesta a declarar la guerra a los brujos y llevar la batalla hasta sus últimas consecuencias.